“En los jóvenes es más común el intento de suicidio como una forma de grito en busca de ayuda, que el suicidio consumado”, plantea el novelista y ensayista británico Al.Álvarez, pero lamentablemente para la familia de Samuel David Londoño la teoría de este novelista falló.
Aunque los lunes son el día en que más se suicidan personas en la ciudad, según el Departamento Administrativo de Planeación de Medellín, Samuel David prefirió hacerlo el sábado 20 de marzo del 2004. Samuel, que se escapó de su casa, bailaba con todos sus amigos en unos 15´s en banquetes Laureles Plaza.
Entre canciones y bailes, éste se metía su primer y único pase de cocaína y su cuarta pastilla de Ribotril, drogas que ayudaron a que Samuel acabara con su vida. “Las drogas alucinógenas son una forma de escape para que el suicida libere sus represiones, además la euforia que produce en éste se convierte en una montaña rusa de emociones; exceso de energía y felicidad, para luego caer en un estado severo de depresión”, comentó Alejandro Ortiz psicólogo de la Secretaría de Cultura Ciudadana.
Samuel David era un joven de 15 años que “cotizaba” a donde llegaba, “Era un papacito, tenia ojos miel y unas pestañas larguísimas, cabello claro y liso. Era alto y acuerpado, todas las niñas se morían por él”, cuenta su prima Xiomara Jiménez. “Samuelito”, como le decían sus amigos, había pasado por varios colegios, Salazar y Herrera, Concejo de Medellín y Santa Rosa de Lima, debido a su rebeldía y malas calificaciones.
El mal trato que su padre le propiciaba a su madre, Juliette, hacía que a Samuel David se le hiciera difícil la relación con éste. Además la pérdida de su tío preferido, un sicario llamado Jhon Jairo Londoño, asesinado 4 años atrás, hacia que para Samuel la vida ya no tuviera significado alguno, “La muerte de un familiar querido es un detonante que produce desadaptación psicológica y desencadena un problema grave que si no se trata, puede llegar a la muerte” afirma David Ramírez, estudiante de octavo semestre de Psicología en la Universidad Pontificia Bolivariana.
Como muchas otras veces, Samuel entre su exceso de licor y drogas, volaba en un mundo en el cual sólo tenía acceso a su “Jhon Jairito”, como éste le decía a su tío por cariño, con el cual conversaba en voz alta y supuestamente veía. Aunque sus amigos le habían dicho que ya estaba muy “volado” para irse a su casa, Samuel decidió dar una vuelta para seguir hablando tranquilamente con su tío.
Luego de caminar unas cuantas cuadras, “Samuelito” llegó al punto más alto del puente de Bulerías en Laureles, la zona de Medellín donde más personas se suicidan según la oficina de Planeación, y aún drogado se lanzó al vacío. Este fue el fin que Samuel decidió darle a todos sus problemas, un fin permanente a un contratiempo que seguramente tenía solución. Dejó a sus padres sin ninguna explicación, pero lo hizo con la seguridad de que la muerte era la única forma de reencontrarse con su ídolo “Jhon Jairito”.

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