lunes, 30 de agosto de 2010

Ella y El



Si depronto ella mirara atrás y se diera cuenta de verdad de lo que pasó, lloraría y lloraría hasta sentir que no puede más, pero como el presente es lo que la mantiene viva, sabe que por el pasado no se puede preocupar. Siempre dijo no más! cuando se sintió cansada de tanta estupidez en su vida, casi siempre producida por una misma persona. Esa persona hizo y deshizo con la vida de ella, con una vida que no era suya, pero como "nadie es dueño de lo de nadie", ella llegó a sentir que ni dueña de su propia vida era.

Ella rogaba para que el tiempo pasara rápido y el dolor que sentía dentro se le quitara del todo, no quería sentir ni lo más mínimo de lo que sentía en ese momento...nunca jamás.Él por su parte sólo tenía de ella un vago recuerdo que no le producía ni el más pequeño de los sentimientos, triste pero real. Al fin y al cabo cuando ella comprendió que lo que ella era para él no era ni la mitad de lo que él para ella, decidió ponerle fin; no a esto, a su historia.

Saber que la vida sigue a pesar de cuanta gente te la pisa y no precisamente para dejar una huella positiva, es lo más importante de cada despertar. Ella con el sol se alegraba, con la lluvia recordaba, pero siempre tenía presente que no importa lo que pase el sol siempre tratará de salir sólo para intentar sacarle una sonrisa.

Lo bueno se conserva, se recuerda y perdura. Lo malo simplemente se deshecha, se olvida y se aprende de el. Todo pasa por una razón y a ella, él le pasó sólo para que le quedara claro que tipo de personas no quiere volver a tener nunca en su vida.

Ella ahora es feliz, él quién sabe...

martes, 17 de agosto de 2010

Shocking!

Un video que incita a los espectadores a siempre esperar más de esta extravagante artista: Lady Gaga. Excelente producción, gran impacto visual y coherencia total entre la artista y lo que quiso expresar.

Un loco karma

 
Entre gritos, golpes, sollozos, ojos desorbitados, movimientos anormales y comportamientos incomprensibles para un ser humano, se desarrolla toda una institución: El Hospital Mental de Antioquia, donde la mente se convierte en un privilegio y la cabalidad del pensamiento se transforma en un mundo sin fronteras en el que habitan los deseos de aquellos que siempre guardan la esperanza de volver a tener una vida cuerda.

Era 1979 y a Ana María Arango, Marta Patricia Agudelo, Marta Olivia Álvarez y Patricia Arbeláez, estudiantes de sexto semestre de enfermería de la Universidad de Antioquia, les correspondía hacer la rotación de psiquiatría  en el Hospital Mental de la ciudad. Ubicado en las montañas de Bello, alejado de la sociedad, y como dice Ana María “Es un lugar parecido a una cárcel, con construcciones viejas y en mal estado. Aunque tiene muchas zonas verdes es un lugar que causa temor, tristeza, y depresión.”

Luego de dos semanas de intensa preparación se les asignó a cada una de estas cuatro aspirantes a enfermeras, una paciente. Acá comienza el karma que sufrió Ana María Arango durante aquellos 3 meses de rotación con su paciente Elvia.

Elvia era una mujer de 38 años, piel morena, cabello grueso y áspero, “acuerpada, mal encarada, pero sobre todo era muy seria y repelente” comenta Ana María. Sufría de psicosis, una enfermedad mental que causa alucinaciones, cambios de comportamiento y conductas extrañas, además hacia que Elvia fuera incapaz de relacionarse con las demás personas. Todas estas conductas provocaban en Ana María un gran miedo a la hora de interactuar con ella.

Diariamente Ana María trataba de entablar una conversación con Elvia utilizando las preguntas que se hacen frecuentemente.
-       ¿Cómo te llamas?
Elvia no contestaba.
-       ¿Por qué estás aquí?
Continuaba con su silencio y a su vez caminaba descalza por el salón.
-       ¿Cuántos hijos tienes?
La apatía de Elvia era notable. Ni siquiera miraba, simplemente caminaba con la mirada perdida en el piso.

Al ver que era prácticamente imposible lograr sacarle alguna palabra de su boca, la psiquiatra de turno le recomendó a Ana María llevar a Elvia a la cafetería para intentar relacionarse de otra forma. “Al llegar allí, Elvia comenzó a señalar lo que deseaba comer, yo no tenía ganas de nada, la cafetería me daba asco y más el aspecto de su comida. Tener esta actitud fue de las primeras cosas que hizo que mi nota de la rotación fuera baja (3.8)” cuenta Ana María con cara de frustración.

Faltaba un mes para que la rotación terminara, cosa que Ana anhelaba intensamente, cuando ocurrió algo que realmente hizo que ésta perdiera la paciencia. Eran las 7 AM y Ana María, luego de un largo recorrido en bus, se disponía a comenzar su trabajo con Elvia. Todo marchaba normal. Ana María buscó a Elvia y la invitó al jardín, bajando las escaleras para llegar al primer piso, Elvia luego de darle una fuerte palmada en la espalda empujó a Ana María sin razón alguna, lo que hizo que ésta rodara por las escaleras hasta que la psiquiatra la detuvo.
Después del incidente Ana María tenía claro que no quería continuar allí, a menos que le cambiaran la paciente. Al presentarle la petición a la profesora que las dirigía, ésta contestó  con un no rotundo asegurándole que aquella rotación era un reto que debía asumir.

Luego de tres días de una relación más distante que nunca, llegó el fin de semana. Elvia fue castigada por su comportamiento tan agresivo y se le prohibió ir al paseo que la institución realizaba cada 2 meses como premio al buen comportamiento de las pacientes. Después de darle el medicamento respectivo, -una dosis de Diazepam, otra de Fenobarbital y por último una de Atiban- Elvia fue encerrada en el patio, en el cual bajo un sol intenso decidió tomar una siesta.

Era lunes y Ana María al llegar al Hospital pasó a buscar a su paciente, la psiquiatra le comentó que Elvia había sufrido quemaduras de tercer grado en las piernas, brazos y cara, debido a la sensibilidad al sol que causaban los medicamentos, por lo que fue internada de urgencia en la clínica. Al miércoles, la morena troza y seria que nunca se le conoció su voz descansaba en paz, y a su vez dejaba atrás, para ella, un mundo de incomprensión y anormalidad. Con esta noticia también descanso Ana María pero el recuerdo de esta experiencia aun se encuentra vivo en su memoria 

Un cuento que anula la realidad



“Quizás una mañana de otoño te hubiera conocido si las hojas de los árboles que caían sin cesar no hubieran tapado mi ventana. Quizás sino hubiera dejado de sonreír por ciertas tristezas que aquejaban mi alma, te hubieras enamorado de mí; no, no de mí, de mi sonrisa. Si me hubiera empeñado en conocerte lo hubiera hecho… pero los hubieras no existen, existe el ahora y ahora estoy solo”, narra Joaquín, pausado y lentamente, mientras los asistentes al Festival de Cuentería lo miran fijamente esperando que pronuncie otra frase más que les alimente la imaginación.

Foto: Mundo Matungo
­­­­­Cuando termina siempre pregunta si les gustó o no, y si alguno hace mala cara o se siente disgustado, Joaquín hace hasta lo imposible para que quede contento porque eso sí, el público, como dice él, es lo que hace al cuentero.

“No hay nada como ver las caras de expectativa cuando yo cuento una historia. La plata no es lo que me llena, lo que me hace sentir satisfecho es ver la felicidad en los rostros del público, es terminar de contar una historia y que la gente se te acerque y te de la mano para agradecerte; eso de verdad no tiene precio”.

Él es un hombre de 35 años y hace sólo ocho cuenta cuentos en el Festival de Cuentería. Le ha ido bien, muy bien para ser un inexperto en el tema; para ser un joven que a duras penas se graduó del bachillerato sin ningún honor o premio y que durante casi 10 años fue literalmente un vago, que recorría la vida sin sentido ni esperanza, que le daba lo mismo si estaba vivo o no. Simplemente es un hombre que ha sabido aprovechar su imaginación para mezclarla con la realidad diaria que le toca vivir. Es cuestión de dejarse llevar por los sueños, por la creatividad, sin ataduras ni predisposiciones… volar sin importar dónde vas a caer porque lo peor que te puede pasar en la cuentería lo creas tú, no está escrito. 

Luego de una hora seguida de cuentos, poesías e historias, Joaquín coge un bus en el Parque de Berrío con destino a su barrio, Manrique. Mientras descansa su mirada siguiendo las luces que marcan el camino, piensa en todo lo que dijo, en cada palabra que expresó, obviamente esperando causar gran impacto en su audiencia y sobre todo ganas y pasión por el cuento. Porque no hay nada mejor para él que incentivar a otros a que sigan su camino y más a personas que como él han tenido que vivir la pesadilla de la guerra en su comuna, en su barrio, en su hogar.

—Me deja en la esquina si me hace el favor — grita Joaquín desde la puerta trasera del bus.
Al bajarse saluda a los pelados de la esquina, una banda que según él cuidan el barrio y que es mejor tenerla de amiga que de enemiga. Para ellos, Joaquín es un héroe, un ejemplo a seguir. Salir de una comuna a rebuscársela es difícil, pero a ser cuentero… eso ya es otra cosa.
––Quiubo cómo les va?– pregunta con calidez Joaquín
––Bien en las mismas de siempre, acá parchados–– responde Steven, un muchacho de apenas 15 años.
––Echen juicio pues. Éntrense pa´ la casa que ya está tarde. Es mejor evitar problemas...

—No es fácil sobrevivir a una guerra que lleva más de dos décadas azotándonos, pero cada uno elige lo que quiere hacer, escoge su camino. Hay algunos que escogen la vida fácil, el dinero regalado y quitar vidas para seguir la de ellos, pero otros como yo, que lamentablemente no somos muchos, la luchamos, la rebuscamos y la sufrimos. Cada centavo que nos ganamos nos enorgullece y nos hace crecer y creer que los buenos sí podemos ser más— cuenta Joaquín mientras le dan la cerveza que pidió en la tienda de Ruby.

La vida le ha dado muchos giros y la guerra lo ha revolcado otros tantos, pero él se ha sabido parar. Su hermano murió por una bala pérdida luego de una balacera el pasado diciembre, su hermana está embarazada de un miliciano que a duras penas le da para los pañales, y su madre, soltera, porque a su padre nunca lo conoció, trabaja como empleada doméstica.


“La vida nunca es fácil, pero uno es el que se la complica más. Los cuentos y las poesías lo transportan a un lugar donde todo es felicidad, donde la magia y la alegría que producen las palabras detienen todo el dolor y sufrimiento de una realidad que se queda ahí, estática, y que te envuelve o te deja libre, eso está en cada uno; que te tapa como las hojas de otoño a la ventana o que te deja sonreír sin cesar.”
El despertador suena y Joaquín sonríe por el día que le espera.  

Mil historias en un sitio común.