martes, 17 de agosto de 2010

Un loco karma

 
Entre gritos, golpes, sollozos, ojos desorbitados, movimientos anormales y comportamientos incomprensibles para un ser humano, se desarrolla toda una institución: El Hospital Mental de Antioquia, donde la mente se convierte en un privilegio y la cabalidad del pensamiento se transforma en un mundo sin fronteras en el que habitan los deseos de aquellos que siempre guardan la esperanza de volver a tener una vida cuerda.

Era 1979 y a Ana María Arango, Marta Patricia Agudelo, Marta Olivia Álvarez y Patricia Arbeláez, estudiantes de sexto semestre de enfermería de la Universidad de Antioquia, les correspondía hacer la rotación de psiquiatría  en el Hospital Mental de la ciudad. Ubicado en las montañas de Bello, alejado de la sociedad, y como dice Ana María “Es un lugar parecido a una cárcel, con construcciones viejas y en mal estado. Aunque tiene muchas zonas verdes es un lugar que causa temor, tristeza, y depresión.”

Luego de dos semanas de intensa preparación se les asignó a cada una de estas cuatro aspirantes a enfermeras, una paciente. Acá comienza el karma que sufrió Ana María Arango durante aquellos 3 meses de rotación con su paciente Elvia.

Elvia era una mujer de 38 años, piel morena, cabello grueso y áspero, “acuerpada, mal encarada, pero sobre todo era muy seria y repelente” comenta Ana María. Sufría de psicosis, una enfermedad mental que causa alucinaciones, cambios de comportamiento y conductas extrañas, además hacia que Elvia fuera incapaz de relacionarse con las demás personas. Todas estas conductas provocaban en Ana María un gran miedo a la hora de interactuar con ella.

Diariamente Ana María trataba de entablar una conversación con Elvia utilizando las preguntas que se hacen frecuentemente.
-       ¿Cómo te llamas?
Elvia no contestaba.
-       ¿Por qué estás aquí?
Continuaba con su silencio y a su vez caminaba descalza por el salón.
-       ¿Cuántos hijos tienes?
La apatía de Elvia era notable. Ni siquiera miraba, simplemente caminaba con la mirada perdida en el piso.

Al ver que era prácticamente imposible lograr sacarle alguna palabra de su boca, la psiquiatra de turno le recomendó a Ana María llevar a Elvia a la cafetería para intentar relacionarse de otra forma. “Al llegar allí, Elvia comenzó a señalar lo que deseaba comer, yo no tenía ganas de nada, la cafetería me daba asco y más el aspecto de su comida. Tener esta actitud fue de las primeras cosas que hizo que mi nota de la rotación fuera baja (3.8)” cuenta Ana María con cara de frustración.

Faltaba un mes para que la rotación terminara, cosa que Ana anhelaba intensamente, cuando ocurrió algo que realmente hizo que ésta perdiera la paciencia. Eran las 7 AM y Ana María, luego de un largo recorrido en bus, se disponía a comenzar su trabajo con Elvia. Todo marchaba normal. Ana María buscó a Elvia y la invitó al jardín, bajando las escaleras para llegar al primer piso, Elvia luego de darle una fuerte palmada en la espalda empujó a Ana María sin razón alguna, lo que hizo que ésta rodara por las escaleras hasta que la psiquiatra la detuvo.
Después del incidente Ana María tenía claro que no quería continuar allí, a menos que le cambiaran la paciente. Al presentarle la petición a la profesora que las dirigía, ésta contestó  con un no rotundo asegurándole que aquella rotación era un reto que debía asumir.

Luego de tres días de una relación más distante que nunca, llegó el fin de semana. Elvia fue castigada por su comportamiento tan agresivo y se le prohibió ir al paseo que la institución realizaba cada 2 meses como premio al buen comportamiento de las pacientes. Después de darle el medicamento respectivo, -una dosis de Diazepam, otra de Fenobarbital y por último una de Atiban- Elvia fue encerrada en el patio, en el cual bajo un sol intenso decidió tomar una siesta.

Era lunes y Ana María al llegar al Hospital pasó a buscar a su paciente, la psiquiatra le comentó que Elvia había sufrido quemaduras de tercer grado en las piernas, brazos y cara, debido a la sensibilidad al sol que causaban los medicamentos, por lo que fue internada de urgencia en la clínica. Al miércoles, la morena troza y seria que nunca se le conoció su voz descansaba en paz, y a su vez dejaba atrás, para ella, un mundo de incomprensión y anormalidad. Con esta noticia también descanso Ana María pero el recuerdo de esta experiencia aun se encuentra vivo en su memoria 

No hay comentarios:

Publicar un comentario